Tulum cumplió 18 años como municipio, y la conmemoración no se celebró en un salón ni con discursos largos, sino frente al mar Caribe, donde empezó todo. Ahí, entre fundadores, pioneros, maestros y vecinos, se recordó el camino que convirtió a este rincón de Quintana Roo en uno de los destinos más conocidos del mundo, y los retos que enfrenta para que ese crecimiento alcance a toda su gente. Rafael Marín participó en el acto como invitado especial.
La jornada arrancó con un gesto que lo dijo todo sobre la identidad del lugar. Antes del acto protocolario, el sacerdote maya Higinio Dzul encabezó una ceremonia dedicada a los cuatro puntos cardinales a la orilla del mar, con plegarias y agradecimientos por el pasado, el presente y el futuro de Tulum. El ritual recordó algo que a veces se olvida entre hoteles y reflectores: que esta tierra tiene una conexión ancestral con la cultura maya, y que sus 18 años de vida institucional son apenas el capítulo más reciente de una historia milenaria.
Después tomó la palabra la maestra Noemí Esquivel Calderón, con la autoridad que dan siete décadas de vida. Formó parte de la escuela primaria Julio Ruelas, la primera institución educativa de Tulum, y desde esa memoria fue tejiendo nombres, anécdotas y aprendizajes de los años en que la comunidad apenas comenzaba a forjar su identidad. Su relato transportó a los asistentes a los tiempos en que los pioneros abrían camino entre la selva y los sueños de un futuro mejor. Más tarde, el cronista oficial del municipio, Hugo Villagómez Villalobos, narró la historia ancestral del territorio, desde las primeras familias mayas hasta la comunidad que, sin perder sus raíces, se convirtió en un destino de fama internacional.
Cuando le tocó intervenir, Rafael Marín puso el acento en el esfuerzo colectivo. “Tulum alcanza su mayoría de edad. El noveno municipio de Quintana Roo cumple 18 años de historia, crecimiento y transformación”, expresó, reconociendo a quienes impulsaron la creación del municipio y sentaron las bases de su desarrollo. Su mensaje, sin embargo, no se quedó en la celebración: planteó que la nueva etapa de Tulum debe construirse con una visión que combine crecimiento económico, justicia social y bienestar comunitario.
“Comparto el mismo sueño que inspiró a quienes imaginaron el Tulum de hoy: un futuro donde el desarrollo y la justicia social caminen de la mano y beneficien a todas y todos”, afirmó. Y lanzó una idea que resonó entre los asistentes, en un momento en que el destino atraviesa una etapa complicada: “Nadie debería alegrarse cuando a Tulum le va mal. Por el contrario, todos tenemos la responsabilidad de aportar para que este destino retome el rumbo de la prosperidad, el bienestar y la confianza”.
El cierre fue una mano extendida, más que un discurso. “Aquí está mi mano. Como uno más de ustedes, quiero sumarme a la tarea de construir el mejor futuro posible para Tulum”, dijo Marín frente al Caribe, con la memoria de las familias fundadoras como telón de fondo. En el aniversario número 18 del municipio, la mirada quedó puesta no solo en lo que Tulum ha logrado, sino en todo lo que aún puede alcanzar para seguir siendo referente de desarrollo, identidad y esperanza para las nuevas generaciones.