“Aquí me voy a morir”: el encuentro de Rafael Marín con las comunidades de Tulum

La casa ejidal de Tulum se llenó una tarde de domingo. Habitantes de comunidades distintas y a veces distantes —Chanchén I, Chanchén Palmar, Sahcab Mucuy, Hondzonot, Yaxché, Cobá, San Pedro, Akumal, Francisco Uh May y la cabecera municipal— se dieron cita para un encuentro ciudadano con Rafael Marín. No fue un mitin: fue una conversación, con preguntas, inquietudes y un mosaico de voces que rara vez coinciden en el mismo lugar el mismo día.

Durante su intervención, Rafael Marín compartió pasajes de su historia y de su vínculo con Quintana Roo, una entidad que —dijo— ha sido determinante en su vida. Llegó a esta tierra en 1987, cuando Cancún apenas despegaba, y aquí construyó su familia y su trabajo. De esa pertenencia salió la frase que más resonó entre los asistentes: “Yo adopté esta tierra desde esa época y aquí me voy a morir, y aquí voy a vivir el resto de mi vida”.

No es un dato menor en un estado acostumbrado a recibir a quienes llegan de paso. El arraigo —casi cuatro décadas— fue el hilo de fondo de toda la tarde: la diferencia entre conocer un lugar y pertenecer a él. Desde ahí, Marín habló de la importancia de mantener principios éticos en el servicio público y de cuidar la relación con la ciudadanía. “Cuando se trabaja con honestidad y se administran de la mejor manera los recursos del pueblo, alcanzan para muchas cosas”, señaló, en una idea que repite en cada recorrido.

El encuentro transcurrió en un ambiente respetuoso y dinámico. Los asistentes aprovecharon el espacio para compartir lo que viven en sus comunidades —desde los servicios básicos hasta las oportunidades para los jóvenes— y para plantear sus visiones sobre el desarrollo de la zona. Más que respuestas inmediatas, lo que quedó fue la confirmación de que estos ejercicios de interlocución directa, cara a cara, siguen teniendo valor: permiten que comunidades que pocas veces se sientan juntas a la misma mesa se escuchen entre sí y sean escuchadas.

Al final, entre despedidas pausadas, quedó la sensación de una tarde distinta. En la casa ejidal de Tulum, once comunidades encontraron un espacio para hablar de su futuro, y un hombre que lleva 39 años en Quintana Roo recordó, en voz alta, por qué considera a esta tierra su casa.

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